Aprendizaje, creación y difusión del arte
La producción artística, fundamentada en el aprendizaje y vinculada con la difusión cultural, pareciera ser la fórmula adecuada para el desarrollo de las artes y por ende la contribución artística directa a la cultura de una sociedad. Sin embargo, en la mayoría de las instituciones culturales en México, esta “simple” combinación parece no tener cabida. La mayoría de las veces los creadores no encuentran los medios para interactuar con los administradores de la cultura y caminan solos buscando los medios para que su trabajo se difunda.
Por otro lado, los promotores culturales se relacionan solamente con los creadores conocidos -o reconocidos por ellos mismos- y en otras ocasiones con los recomendados o amistades, lo que da por resultado que la oferta artística sea repetitiva y escasa; los mismos nombres y falta de participación real de artistas mexicanos en los espacios internacionales. Usualmente los administradores de la cultura se dedican a numerar una serie de eventos artísticos para llenar su calendario y entregar un reporte con actividades realizadas ¿Pero con qué fin? ¿Bajo qué criterio se seleccionan los eventos a presentarse? ¿Quién define qué artistas deben de ser promovidos? ¿Cuáles no? y ¿Por qué? ¿Qué aportan sus actividades en beneficio del desarrollo artístico y cultural? Etcétera, etcétera, son preguntas que no tienen respuesta.
Finalmente, en esta triada apuntada al inicio de esta editorial, se menciona el aprendizaje como fundamento en la producción artística. De pronto pareciera que en algunos casos el ser “artista” es un señalamiento divino que solamente lo percibe el que se señala a sí mismo como “artista”. Pocos son los verdaderos creadores que se internan en un constante aprendizaje y generan su trabajo profesional sustentado en el conocimiento profundo de su disciplina artística. No caigamos en las palabras comunes de que “en México la gente es sensible y muy creativa”. La creación artística no es un don maravilloso que aparece de la nada, ni un atributo nacional. Es necesario estudiar y preparase adecuadamente para poder ostentar el apelativo de artista. Un creador que no esté vinculado con el acontecer mundial y no reconozca los movimientos contemporáneos del arte, está fuera de sitio; una persona que no se aproxime al uso de las tecnologías actuales y no utilice las nuevas técnicas y recursos estilísticos para la creación artística, no puede llamarse artista.
En el espacio universitario, el compromiso es claro: abrir espacios para la enseñanza del arte, fomentar la creación artística y diseñar estrategias de difusión cultural para propiciar el desarrollo contemporáneo del arte y la cultura.
Para logra lo anterior, es necesario que las personas encargadas de la difusión cultural no sean meros administradores de eventos. Se necesitan artistas preparados para administrar estratégicamente la enseñanza y difusión del arte, contribuyendo así, al desarrollo cultural y propiciando la autogestión en los participantes. Un ejemplo para ilustrar el comentario: Si en un hospital, un médico es el mejor profesional para administrar y dirigir los objetivos de la institución en beneficio de la salud ¿No será entonces que en un una institución dedicada a la promoción y difusión del arte; un artista bien preparado, debe de guiar el rumbo y no un administrador de la cultura que desconoce los procesos creadores, los avances técnicos y estilísticos, y las estrategias educativas? Quede la pregunta para la reflexión.
Carlos Robles Cruz




04.05.08 @ 04:53