por
Carlosrc
@ 2007-08-24 - 21:41:05
DECLARACIÓN DE INTENCIONES
Los hechos del ser humano, trascienden al ser humano mismo. Mirarnos por fuera de las restricciones del tiempo y el espacio es reconocernos, reinterpretarnos, resignificarnos.
Estamos casi obligados a aprender de nosotros. Así lo hemos hecho a lo largo de nuestra existencia sobre la Tierra: de padres a hijos, de maestros a alumnos, de hermanos a hermanos, de ancianos a jóvenes; en pláticas coloquiales, en salones de clase, en ágoras, en mezquitas, en bibliotecas; por medio de libros, del diálogo, de videos, de películas, de revistas, de internet, de computadoras, de pinturas, de música, de poesía; de fiestas populares, de seminarios, de entrevistas, de cursos, de representaciones teatrales. Discípulos, instructores, tutores, abuelos, aprendices, analfabetas, letrados, ignorantes, eruditos, filósofos, matemáticos, carpinteros, científicos, artistas; todos, absolutamente todos y cada uno de nosotros, seres humanos que pisaron y pisamos la faz de la tierra, hemos aprendido algo de alguien, y hemos enseñado algo a alguien; contribuyendo así, con el legado cultural que permite el crecimiento de la especie humana.
Los ciclos se cumplen, y cada etapa deja vestigios de su momento histórico. Se suman estadísticas diferentes, en las cuales, cada uno de nosotros tiene cabida, dando paso a elementos útiles que nos permiten deducir hipótesis sobre formas de pensamiento, sobre formas de ser, de estar en el mundo.
Las manifestaciones artísticas se colocan desde esta perspectiva como espejos altamente valiosos para contemplarnos, entendernos, reflexionarnos, analizarnos, sentirnos, escucharnos. Alejarse de nosotros mismos para mirarse desde afuera, nos permite contemplar nuestros errores, nuestras formas de actuar y de comportamiento, nuestros logros, nuestras creencias, nuestros temores, nuestras dudas, nuestros aciertos. Estar consciente del comportamiento social, de la ideología, de las costumbres, de lo cotidiano, de la guerra, de las luchas políticas, del poder, de la educación, de la economía, de las etnias, de los valores humanos, de la marginación, del avance tecnológico, del hambre; en fin, de todas las manifestaciones que nos competen como habitantes de este planeta.
Estar consciente se convierte hoy en día, en una necesidad. No hablo de erudición, me refiero a la actitud comprometida con nuestro momento histórico, y lo que esto conlleva en relación a nuestro entorno. Me refiero aquí, a la congruencia entre lo que hacemos y lo que pensamos, entre nuestra forma de mirar el mundo y la manera en que interactuamos en él. Me refiero al "cómo" nos relacionamos con la vida, y al "cómo" hacemos la vida. Me refiero al conocimiento de nosotros mismos; a la consciencia de la especie humana en relación con su ecosistema, a la responsabilidad con el "otro", a la preparación de un legado, a la participación humana individual en el orden cósmico universal.
Muchas son las huellas que el hombre deja como herencia, mucho tenemos que recoger para no cometer los mismos errores y mucho tenemos que encontrar para continuar con la obra de crecimiento del ser humano. Pero al mismo tiempo, mucho tenemos que construir. Pensemos en nuestro corto tiempo de vida como individuos... ¿qué evidencias estamos dejando de nuestro tiempo, de nuestra cultura, de nuestra forma de entender la realidad? La expresión del ser humano a través del arte, deja en el tiempo signos que muestran el hoy, y que permitirán mañana entendernos mejor. Nosotros somos nuestra propia fuente de conocimiento, puesto que somos los generadores de nuestra propia historia.
El Drama Holista es el espacio, desde una perspectiva actual, de los acontecimientos humanos en América. Más que reciclar elementos provenientes de Europa, e intentar moldearlos a un espacio-tiempo inadecuados, presenta una alternativa para mostrar un quehacer teatral americano, en la conciencia de la pluralidad cultural de nuestros pueblos.
Precisamente, dicha diversidad, la inspiración proveniente de las antiguas prácticas indígenas, y el complejo presente de los pueblos en desarrollo de las naciones americanas, hace creer que una aproximación holista al fenómeno dramático resulta congruente a nuestras culturas, en las que mil caras y lenguas son, en realidad, las múltiples facetas de un solo rostro. Siempre tomando en cuenta, el gran valor y respeto a los elementos conformadores de la cultura de todos los países que unen a este continente, y de los que se encuentran al otro lado del mar, tanto al oriente, como al poniente, uniéndose a la vida del mundo entero.
Carlos Robles Cruz